Saltar navegación. Ir directamente al contenido principal

 

Registro de Usuarios
Comienza la navegación principal

Fin de la navegación principal
Estas en: Inicio » Localidad »
LOCALIDAD

DE INTERÉS

LA MINERIA HISPANORROMANA

En Sierra Morena

        Las minas eran propiedad del Estado que no reconocía la propiedad privada de las mismas, dado que sus legítimos propietarios eran el pueblo romano y su Emperador, de manera que durante la primera fase de la conquista, hasta el 195 a.C., fueron  administradas y explotadas directamente por los gobernadores. A lo largo de la República, y hasta el s. I d.C., con un paréntesis en su explotación durante las Guerras Civiles como veremos al hablar de la mina de La Loba, el Senado, posiblemente para aumentar sus  ingresos, cedió su explotación a particulares o a las llamadas "sociedades de publicanos", las cuales, a cambio, pagaban una contribución al Senado estableciéndose así una dualidad entre propiedad y posesión. 

     Conocemos el nombre de algunas de estas sociedades, públicas  y privadas, que operaron en la zona de Sierra Morena, caso de la Societas Castulonensis o Castulonensium, con sede en la importante población de Castulo, cercana a Linares, pero que controlaba explotaciones en la provincia de Córdoba (como lo evidencia la dispersión de lingotes con su sello hallados en minas de Posadas  y Santa Eufemia), o la Societas Sisaponensis, que explotaba las minas de mercurio de la zona de Almadén y tenía su centro en Sisapo, ubicada probablemente en La Bienvenida (Ciudad Real).

     Otra de estas sociedades tenía como siglas SBA. La S se transcribe como Societas, mientras que BA podría ser BA(etica), BA(edronensis) o BA(eculensis), por lo que es posible que tuviese su lugar de operaciones en la cercana población de Baedro, en el Valle de los Pedroches; del mismo modo, un lingote de plomo procedente de la mina Terreras (Alcaracejos) porta una inscripción del siglo I d.C. en la que se citan dos individuos, C. P (apirius) Caenicus y T. T(ettius) Caenicus, seguramente negociadores que como miembros de una compañía privada actuarían como arrendatarios y explotadores de la mina.

     Hablo, pues, de un sistema en el que el estado romano obtenía como beneficio básico el alquiler de las minas; unos beneficios que Polibio (a través de Estrabón, 3, 2, 10), a mediados del siglo II y para el caso de las minas de Carthago Nova establece en 25.000 dracmas diarias, lo que supone unos unos 9 millones de denarios anuales, que comparados con los ingresos que algunos autores calculan para la totalidad del Estado romano (14 millones de denarios entre los años 200 y 157 a.C.; 20 millones entre el 150 y el 80 a.C.) se revelan verdaderamente sustanciosos. Aparte de que dicha proporcionalidad se vería aumentada con la incorporación a partir de finales del siglo II a.C. de las minas de Sierra Morena.

     Por otra parte, la mayor parte de los investigadores actuales coincide en que el sistema romano de explotación minera consistía en una verdadera y gran empresa capitalista, que emplearía básicamente mano de obra esclava, si bien, como se puede comprobar a través de las tablas de Vipasca, este último extremo es actualmente mucho más que discutido. En el caso de Córdoba sólo conocemos una inscripción alusiva a un esclavo minero: un tal Corinthus, esclavo de Mario, pero es ésta una circunstancia que debemos tomar con la debida cautela, entre otras razones porque son muy pocas las inscripciones republicanas llegadas a nuestros días, en tanto que a partir de la época imperial los esclavos serían progresivamente sustituidos por hombres libres, que gozarán de un status superior al de otros grupos de trabajadores, a juzgar por los ajuares de sus tumbas.

     Es lógico pensar que buena parte de los trabajadores mineros debía proceder de las poblaciones locales, incluso a veces esclavizadas, y que el trabajo de estos mineros debía ser extremadamente duro (Diodoro, V, 36-38), lo que sin duda motivaba una esperanza de vida muy baja. No obstante, cifras como las que algunos autores antiguos manejan para Cartagena (40.000 esclavos) parecen a todas luces exageradas, máxime si tenemos en cuenta que el trabajo en la mina exigiría cierta diversificación cualitativa (administración, suministro de agua, obtención de madera, fabricación de herramientas, trabajos de explotación, subterráneos o al aire libre, etc., y que la presencia de abundante numerario en las minas -característica que se hace común prácticamente a todas las documentadas en tierras cordobesas- parece confirmar el pago de salarios, destinados a los propios mineros.

     Por otro lado, y a tenor de la información que aportan las tablas de Vipasca, y que ya comenté algo más arriba, no sólo muchos de los esclavos citados podrían ser identificados en realidad como servicios domésticos, destinados a otras actividades que no las estrictamente mineras, sino que, además, parece frecuente que instalaciones como las del metallum vipascense dispusieran de foro, termas, escuela y diversos servicios (barbero, tintorero), entre los cuales no faltaría probablemente el de uno o varios médicos -caso tal vez del Telemacus constatado en una inscripción cordobesa-. Aparte de que muy pronto se irían introduciendo mejoras técnicas en las explotaciones que harían menos arriesgado y más sencillo el trabajo en la mina y que no parece descabellado suponer el trabajo ocasional en las mismas de las propias legiones acantonadas en los distritos mineros para su defensa. Este debió ser el caso de Vipasca, donde la presencia militar está comprobada, o de la zona minera del sur de Badajoz, donde estas legiones habrían contribuido decisivamente en la explotación del plomo local, construyendo además la mayor parte de los recintos fortificados allí documentados, hasta ahora atribuidos exclusivamente a manos prerromanas. Sin olvidarse además de los condenados.

     El mineral obtenido en los filones de Sierra Morena era tratado bien in situ, para ser transformado en lingotes en las cercanas fundiciones, o despachado en bruto con otro destino. En ambos casos la vía natural de salida debió ser el camino que seguiría en buena parte el curso del Guadiato, por donde en época imperial discurriría la vía Corduba-Emerita.

      Transportado a lomos de animales el mineral llegaría hasta Corduba, donde sería cargado en barcos que descenderían por el Guadalquivir llevándolo hasta Gades -según testimonian el hallazgo en esta ciudad de lingotes de plomo procedentes de la sierra cordobesa-, y desde allí se expediría a Roma. Otra parte del mineral se fundiría en el propio Valle del Guadalquivir. Domergue ha señalado vestigios (escoriales) de antiguas fundiciones de plomo en la orilla izquierda del río, al sur de Posadas y Almodóvar del Río (La Herrería, Fuencubierta), a poca distancia del cauce fluvial. El mineral allí tratado vendría de las minas de plomo argentífero al N. de Posadas.

     Lingotes hispánicos de cobre, plomo e incluso de estaño aparecen con cierta frecuencia en diversos pecios de las costas mediterráneas. Los de cobre tienen casi siempre la forma de un flan de 30 a 50 cm. de diámetro, con perímetro en bisel, y pesan de 20 a más de 60 kilos. Otros son macizos y más pesados, con la forma de un tronco de cono. Por su parte, los lingotes de plomo, cuya cronología más antigua remonta a la segunda mitad del siglo II a.C., siendo los más recientes de época flavia, adoptan una forma alargada, con sección transversal semicircular, triangular o trapezoidal; su peso suele rondar las 100 libras romanas (unos 33 kilos), pero algunos pasan de las 150 libras. En su mayoría, contienen un plomo muy puro, rico además en plata -por lo general, en torno a 1.000 gr. por tonelada; a veces incluso hasta 5.000 gr., tal vez por ir destinado a la fabricación de bronce-, dado que normalmente procede de la galena argentífera, en la que las minas cordobesas han sido tan pródigas.  

     Uno de los hallazgos más recientes y novedosos en relación con la minería romana en la provincia de Córdoba tiene que ver precisamente con algunos de los aspectos que acabo de comentar: se trata de un cierto número de placas de pizarra en las que aparecen inscritos rudamente uno, dos o tres nombres en latinizados, pero que recogen antropónimos de origen indígena, itálico y griego (GARCIA ROMERO, 1997) -aspecto de gran importancia a la hora de valorar el origen fundamentalmente itálico de los explotadores mineros, pero también el carácter multicultural de las personas que habitualmente trabajaron en la minería-. Proceden de dos yacimientos de galena argentífera ubicados en término municipal de Villanueva del Duque: 15 de ellas de El Sauzón, con una cronología a caballo entre el siglo II y el siglo I a. C. -su abandono se quiere hacer coincidir con las Guerras Civiles- y 2 más de El Manchego, cercano al anterior, con un proceso de explotación que en este caso se remonta al menos al siglo II d.C.

     Se trata de placas de relativo pequeño tamaño (oscilan entre 20 y 60 cm2 de superficie), con paralelos prácticamente idénticos en la zona minera de Huelva y otros similares en Murcia, cuya interpretación quiere verlas como piezas relacionadas con el proceso administrativo de la explotación minero-metalúrgica; bien ,cuando contienen sólo dos nombres, como reflejo nominal de los responsables de cada turno en la mina, que debían entregarlas al capataz al finalizar su trabajo; bien de aquellos dos y este último -cuando contienen tres nombres-, o bien alusivas a alguna tarea, como por ejemplo la del sellado de los lingotes -cuando contienen sólo una palabra. Del mismo modo, no se descarta la posibilidad de que reflejen los nombres de asalariados libres que explotaran las escorias por ellos mismos, o que se trate de ocupadores privados que llevaban el mineral conseguido para su fundición a los hornos de una instalación pública, a efectos del adecuado y riguroso control que exigían las leyes al respecto.

     Son hipótesis de trabajo, quizá todavía por contrastar, pero muestras en sí mismas de la enorme cantidad de información que guarda el mundo de la minería romana en la provincia de Córdoba, donde la abundancia de explota­ciones, minas y pozos, así como de material asociado -pese a las refundiciones practicadas desde finales del siglo XIX- es tal que, sin lugar a dudas este tipo de yacimientos se erigen como una de las reservas patrimoniales más importantes de Córdoba.

2009 © Excmo. Ayuntamiento de Fuenteovejuna - Plaza Lope de Vega s/n - 14290 Fuente Obejuna - Córdoba - España
Tlf.: 957 58 50 99 - Fax: 957 58 51 54
info@fuenteovejuna.org

Fotografías: J.C. Nievas  - Diseño Web: MundoRed
Conformidad: Css valido. Este enlace abre una ventana nueva - Valid XHTML 1.0 Transitional. Este enlace abre una ventana nueva - Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, 
	de las Directrices de Accesibilidad para el 
	Contenido Web 1.0 del W3C-WAI. Este enlace abre una ventana nueva